viernes, 30 de junio de 2017

SALÓN DE CLASES

Ayer le pedí a mi mamá que me levantara temprano, ella me preguntó por qué.
Le dije que quería ser el primero en llegar al salón de clase, ella sonrió.

Mi plan marchó a la perfección:
Seis y diez ya estaba despierto.
Seis y treinta ya había desayunado esos omelet que me gustan tanto.
Seis y cuarenta y cinco mi madre me llevó al colegio.

A eso de las seis con cincuenta llegué a nuestro salón, primero-A.
Nadie había llegado, salvo tú.
Bueno, tú no estabas, pero sí tu maleta.
Mi corazón pegó un brinco de emoción y acomodé la mía al lado de la tuya,
ese día iba a estar toda la jornada en el mismo puesto doble que tú.
Qué felicidad.

Cuando fui a sentarme, justo llegaste tú con tu imponencia divina y me dijiste:

    Santi… qué pena contigo, le estoy guardando puesto a Irene, ¿podrías hacerte con Sebastián?

El que cuando ríe, pareciera un equipo de sonido.
Sonreíste, un tanto avergonzada pero decidida
y en mi defensa te devolví, apenado, la sonrisa.

Esta mañana me quité del puesto sin problema,
pero siento como si en realidad, me hubiesen quitado toda la ilusión que tenía.


JHOAN EMMANUEL ORJUELA QUIROGA

domingo, 26 de marzo de 2017

NECESIDADES

Necesito pensar, pensarme, pensarte.
Pensarme en ti o pensarte en mí.
O pensarnos los dos en esta soledad.
Pensarnos y contemplar existir.

Necesito asirte, abrazarte.
Apañarte entre mis brazos.
Abrazarme en ti o abrazarte en mí.
Abrazarnos y disfrutar la cercanía.

Sugiero un beso. Besarte las miradas.
Besarte o que me beses.
El alma, los labios, la lengua.
Besarnos y unificarnos.

Pretendo descubrirte. Conocerte.
Esa parte tuya, la que nadie conoce.
Esa que no abres a los fulanos, por miedo.
Ésa que escondes detrás de tu mirada.

Deseo tocarte, sentirte, hacerte mía.
Tocarte y que me toques.
Unir almas y sentirnos parte de algo.
De nosotros.

Desdudarte, o desnudarte.
Desdudarte a miradas.
Desnudarte el alma.
Desdudarnos enteros y desnudarnos.

Te prometo todo eso… pero amor
explícame esos silencios repentinos,
esos lunes en la tarde mirando
el horizonte de tu cama;
explícame esos besos sin terminar,
y ese sexo vacío del que solo queda el silencio.

Explícame esa tristeza, esa soledad que te rodea.
Explícame cómo te sientes. Necesito entenderte.
Y así, sin cambiarte, yo empezaré a amarte
en tu soledad, en tu tristeza, en tu silencio.

Así serás mía.
Pero ven amor, sólo te pido que vengas,
que esta habitación es muy grande

para nuestras soledades.

JHOAN EMMANUEL ORJUELA QUIROGA

domingo, 22 de enero de 2017

PEQUEÑOS UNIVERSOS

Querido/a lector/a, invitadísimo/a a disfrutar de este texto con todos los sentidos: https://youtu.be/HLhuNbO0egU

Gracias por su lectura.
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Mirá, si querés coqueteamos, seguimos las reglas convencionales del coqueteo: nos decimos cosas lindas, y ya.

O si querés, te invito a hablar, a mirarnos, a disfrutar los silencios y las miradas, a que me digas lo que te gusta, lo que temes, lo que te enfurece, tus sueños, tus metas, lo que te gusta hacer un domingo en la tarde o cuánto te gustaría tener alguien con quien salir a bailar y emborracharte y saber que esa persona te va a proteger al final de la jornada. Si querés me contás sobre tu color favorito, sobre tu música preferida, sobre si prefieres un jean o un vestido. Me contás si también, como yo, hacés figuras en el cielo, y si te desvelas en las noches a tal punto de imaginarte toda una vida o te haces preguntas sobre tu Dios, y el Dios de tu Dios, y el inicio del universo, y el inicio de las miradas. De nuestras miradas.

Si nos queda tiempo podríamos tomar un café o un té, o una cerveza si hace mucho calor. Nos sentamos por ahí en un parque y vemos a la gente ir y venir, y criticamos a aquel de gorra verde, o a aquella de blusa(¿¡o es un brassier sin blusa lo que lleva!?). No sé, si querés esperamos la noche, y hablamos de la luna, y las estrellas, y las tratamos de contar. O si querés volvemos a las miradas, y jugamos al que más aguante sin reírse… el que pierda, besa.

Mirá, vos sabes que no tenemos que decirnos cosas lindas porque con nuestros actos ya lo estamos haciendo, vos sabes que incluso nos coqueteamos cuando hablamos de los tipos de besos que nos gustan. En media luna, lentos, agitados, con lengua. Incluso coqueteamos cuando hablamos de los lugares que aún no te besan. El lóbulo de tu oreja, tus clavículas, tu esternón, tus senos, tu abdomen, tus espinas ilíacas, tu sexo. Lo decimos y lo imaginamos entre risas y bromas. Pero más allá de esas risas, de esas bromas, de esas conversaciones, estamos otra vez vos y yo, queriendo hacer todo eso realidad.

Mirá, no sé vos… si querés coqueteamos, y nos decimos cosas lindas.

Pero más allá de cualquier tipo de coqueteo, creo que me conformo con hablar con vos. Saborear tu voz. Escuchar los besos que aún no nos hemos dado y recordar los que ya. Tratar de encontrarle un color a las caricias. Entrañar en el misterio de cómo el corazón salta con sólo un roce tuyo. 

Me interesa lo pequeño de ti. Lo que no han descubierto, los lunares que no has contado y que son como estrellas: infinitas. Me interesa contarte las células del iris de tu ojo, confirmar que cambian de color sólo con la reflexión de la luz sobre tus pupilas. Y quizá si te animas podríamos jugar a besarnos sin besarnos, sin tocarnos, quedar a escasos milímetros de distancia y comprobar qué tan fuertes son las ganas de volvernos uno y las fuerzas de atracción.

Como te digo, si querés coqueteamos, como antaño lo habremos hecho con otras personas...

O si querés, no sé, simplemente somos una explosión neuronal con ganas de explorarse los pequeños universos que podríamos llegar a ser…


¡Y ya!

JHOAN EMMANUEL ORJUELA QUIROGA